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Atajada a atajada

Germán Montoya reconoce que es un momento importante en su carrera, pero adopta una frase célebre: "Tengo que ir paso a paso".



El arquero cordobés se entrenó ayer por primera vez en Vélez. "Acabo de cumplir mi meta, mi sueño", dice, orgulloso.


Hola Papá, te quería contar una buena noticia: decile a mamá que se hizo lo de Vélez.

—Tu-tu-tu-tu...

Seis horas después.

—Papá, ¿por qué me cortaste el teléfono?

—¿No me dijiste que le contara a tu madre? Bueno, te corté para llamarla... El diálogo, increíble pero real, ocurrió el martes al mediodía, minutos después de que Germán Montoya se enterara de que era nuevo jugador de Vélez. Y un día antes de que, al fin, se entrenara en su nuevo club, que le dio 1.100.000 dólares a Belgrano.

—Por fin se acabó el sufrimiento, ¿no?

—Sí, la verdad que fue una situación dura. Tuve que reclamarle al club para que me dejara ir. Por suerte se resolvió todo y ya me pude entrenar y disfrutar un poco del mundo Vélez.

—¿Y qué te pareció?

—Primero, un grupo humano maravilloso. En Belgrano siempre me tocaba recibir a los nuevos jugadores y me preguntaba cómo sería cuando me tocara a mí. Y creo que me tocó de la mejor manera: me pude sentar a comer un asado con el plantel. El recibimiento fue espectacular.

—A los 24 años, ¿te sentís preparado para atajar en Vélez?

—Es un desafío importante, muy lindo y lo voy a afrontar de esa manera. Sé que tengo que trabajar con sacrificio, confianza y fe. El primer paso fue que se destrabara la situación. El segundo es entrenarme y brindar respeto a todas las personas del club. Luego se verá, hay que ir paso a paso. O mano a mano, ja.

—La Volpe declaró varias veces que el titular es Peratta, ¿te molestaría ser suplente?

—No. Que yo no sea titular es una cuestión lógica. Entran sólo 11 a la cancha y todos quieren jugar. El tema acá es estar tranquilo, ser solidario, compañero y saber que, al que le toque estar, uno le va a brindar la mejor de las ondas.

Germán parece feliz, relajado. Y no es para menos. Después de muchas idas y vueltas, finalmente está donde quería estar. "Era mi meta, mi sueño. Es un momento muy importante en mi vida", repite una y otra vez, dejando paso con el correr de la entrevista, a su costado extrafutbolístico. Ese que lo describe como un tipo familiero, tranquilo, centrado y laburador. Algo que mamó de chico, como el menor de ocho hermanos (hoy tiene 21 sobrinos) y debiendo ayudar a su papá en el trabajo.

—Tus padres deben estar orgullosos de vos...

—Ellos se mataron trabajando para mantenernos. Por eso, toda esta alegría de estar acá en Vélez se la quiero dedicar a ellos. Sin lugar a dudas, me inculcaron el trabajo y el sacrificio. Es el día de hoy que mi mamá sigue laburando como portera en una escuela. Es increíble...

—Además del trabajo, parece que te inculcaron el estudio también...

—Je, sí. Allá estaba en el último año del profesorado de educación física y ahora, que llegué acá, tengo la idea de terminarlo. Sé que lleva mucho esfuerzo pero es algo que quiero hacer.

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