Bossio, chiquito de historia grande
Gustavo Bossio sigue disfrutando del fútbol, que lo registra como el primer arquero en anotar de cabeza. Hoy la pelea en Defensa y Justicia.
A los 38 años en un arco entran montones de recuerdos, aunque Chiquito se empeñe en atajar nostalgias y sigue con las ganas intactas de entrar a la cancha. Las mismas con las que gritó el gol de cabeza jugando para Estudiantes y contra Racing Club, en 1996, cuando el azorado Nacho González veía a su colega ingresar en el selecto grupo de “arqueros goleadores”. Las mismas con las que festejó el título con Lanús en 2007, nada menos que en la Bombonera. Las mismas con las que recibió la citación al seleccionado nacional, para convertirse en el único jugador convocado de un equipo de la B Nacional cuando era figura del plantel de Estudiantes, con el que después ascendería. Las mismas ganas de cuando empezaba su largo vuelo en Córdoba y le decían Pichón, en vez de Chiquito.
“Cuando fuimos con Defensa y Justicia a jugar contra Instituto, salimos con los chicos del plantel a dar unas vueltas y mucha gente me reconocía y me saludaba. Me decían Pichón y mis compañeros no entendían nada, porque no me conocen por ese apodo. Otros me decían ‘estás igual’ y yo les respondía que sí, pero un poco más ancho y más viejo (risas). El cariño de la gente es lo queda, por sobre el dinero y los logros, y para mi es un gran orgullo que se acuerden de mí y me paren en la calle para conversar”, destaca Chiquito.
–Es difícil imaginarte haciendo banco en Defensa…
–Llegué a mitad del 2011 de México, después de estar seis meses parado en el Querétaro por una cuestión de cupo. Cuando el técnico era el Flaco (David) Comizzo jugaba y la cosa cambió con la llegada de otro técnico. Volví al país después de casi tres año y si en México no atajás en el América, desaparecés para el resto del mundo. Así que me costó encontrar club, apareció Defensa y no quise perder tiempo. Mi objetivo era ponerme bien en el semestre y arrancar el 2012 peleando el puesto con un compañero de gran nivel como (Martín) Perafán.
–¿Estás estirando la decisión del retiro?
–Soy un apasionado del fútbol y le quiero sacar el jugo hasta el final. Mientras el cuerpo responda, y en mi caso estoy bien porque no sufrí lesiones graves, la cabeza siempre va a acompañar porque me encanta el fútbol. Igual no me pongo plazas. Espero mi oportunidad de jugar y si pasan cinco partidos y veo que no estoy en condiciones, me vuelvo a mi casa. Ahora, si me veo bien, no sé hasta donde le doy.
–Completarías el círculo regresando a Belgrano.
–Sueño retirarme en Belgrano, porque soy hincha y siento que me dio mucho y yo le di poco, ya que sólo jugué seis meses. Es cierto que mi venta ayudó en lo económico en una situación difícil del club, y que ese año (temporada 1993-1994) hicimos una buena campaña, pero uno siempre se siente en deuda con el equipo del corazón.
–Mientras, disfrutás de un torneo que tiene a Instituto como exponente y que se tornó tan atrapante como la Primera División.
–Es que es un campeonato parejito, más allá de que todos hablan de River y de las figuras con las que cuenta. Es cierto que con River en la categoría los diarios le dan diez páginas a la B Nacional, cuando antes le daban dos, pero también hay equipos interesantes, hay cuatro goleadores con la misma cantidad de anotaciones y salen partidos entretenidos.
–¿Creías posible enfrentar a River con Defensa y no perder?
–No, porque además casi le ganamos. Sobre todo en la primera rueda, cuando nos empataron sobre la hora y nos fuimos calientes como si hubiéramos perdido. La último vez nos empataron faltando más minutos por disputar, y lo tomamos de otra forma.
–¿Y soñabas con ver a Belgrano ascendiendo contra River?
–¿Y qué hincha de Belgrano no? Por cómo llegaban, no era impensado. El partido en Alberdi lo fui a ver y tenía plateas para la revancha en el Monumental, pero preferí no ir porque por ahí me podían reconocer y me iba a terminar peleando. Lo vi por la tele convencido de que si no había una “mano negra”, Belgrano ascendía.





