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Con el Rifle cargado

Con el Rifle cargado

Esteban Dreer pasó por UNO Medios con su familia y recordó sus comienzos en los potreros del barrio La Gloria. Dijo que su ídolo es Navarro Montoya, “siempre traté de copiarlo”, contó el arquero del Cuenca.


El Rifle está cargado, motivado y feliz. Esteban Javier Dreer (30) está de vacaciones en su tierra y rodeado de afectos. El arquero del Deportivo Cuenca, de Ecuador (y pasaría al Emelec de ese país), estuvo en UNO Medios y con una sonrisa de por medio, se acordó de sus comienzos y de su paso por Arsenal de Sarandí y Kaunas de Lituania (en el que jugó Champions y Europa League).

–Se te ve en la cara la felicidad por poder recordar tus orígenes...
–Me debía una vuelta. Me fui a los 13 años de acá y nunca había regresado. Me pone muy feliz estar en la ciudad donde nací y me hice futbolísticamente. Le debía una visita a mi abuelo y lamentablemente no pude venir con mi familia, pero en otro momento, si Dios quiere, se puede dar.

–¿En qué potreros jugabas?
–Siempre jugaba en el parque que está enfrente del barrio La Gloria. Me acuerdo que mi abuelo Buby, siempre me acompañaba a las canchas y me cuidaba. Hice una niñez muy corta en Mendoza, porque me tuve que ir a Buenos Aires. Me probé en Godoy Cruz y había quedado, pero mi familia se iba a otro rumbo y tuve que seguirla porque era muy joven.

–¿Fue muy duro irte tan chico de tu provincia?
–Fue muy duro para mí. Me había asentado en Godoy Cruz. Está bien, no estuve mucho tiempo ahí, pero quería quedarme. La gente del Tomba me había ofrecido quedarme, pero me fui a probar suerte en Buenos Aires y gracias a Dios, la vida me puso en otro camino y estoy agradecido.

–¿Tuviste algún modelo a seguir como arquero?
–Siempre seguí a uno solo y tuve la suerte de que me llamara el día anterior a mi debut. Él es Carlos Fernando Navarro Montoya. Es mi ídolo, siempre lo miré cómo le pegaba a la pelota y traté de copiarle. Siempre me ha ido muy bien con eso, en el país donde estoy jugando siempre se habla de mi pegada, de los contragolpes que genero y eso me pone muy feliz. Tuve la suerte de saber que Navarro Montoya trabajaba con mi representante y muchas veces me he sentado a comer con él.

–Mejor espejo que ese tal vez no haya...
–No, no, ¡hay muy buenos arqueros! La diferencia es que un arquero que juega hasta los 40 y pico de años no es de todos los días. El Mono dejó una huella marcada en los arqueros, por la forma de vestirse, por la personalidad y por ser un profesional con todas las letras.

–¿Te quedó un sabor amargo por irte de Arsenal?
–Fue una situación difícil, porque debuté en primera y después me costó un año y medio estar luchando en el segundo puesto. En su momento, el técnico que estuvo no me tuvo en cuenta y tuve que buscarme otro rumbo.

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