El arco de la libertad
Qué sentiste cuando te paraste en el arco, justo acá, en la Seré?
-Quería jugar y ganar. Y quería atajar un penal...
Lo atajó. Claudio Tamburrini abre los ojos con desmesura y sonríe. Está exhausto. Acaba de volver a atajar. De celebrar a su modo los 30 años de la fuga del chupadero donde lo tuvieron secuestrado durante 120 días y en el que, salvajes, en cada sesión de tortura le decían: "Ah... ¿vos eras arquero de Almagro? Atajate ésta...".
La Mansión Seré ahora es el Polideportivo Municipal Gorki Grana. Allí algunos de los guardias lo picaneaban mientras otro lo alentaba a que volviera al fútbol cuando quedara libre. Allí ayer se jugó al fútbol por la vida. Allí se calzó los guantes para atajar en el arco de la libertad. Ese muchacho que hasta hace 30 años y 120 días, llevaba seis partidos en la Primera de Almagro. El que estudiaba Filosofía en la UBA, cuando una patota le partió la vida. El que quería cambiar la realidad, y que todavía lucha por ello. Quien tenía propósitos de justicia social, lo que no era un signo ideológico sino la clave indestructible, el orgullo de una generación cuyo horizonte se guiaba por esa voluntad de participación y cambio. La Dictadura frustraría ese germen. También se devoraría violentamente a una parte de esa generación.
Historia vital la de Claudio. Como la de tantos. Con muchos puntos de contactos con la de 30.000, aunque la de ellos tuvieran la nada como perverso final.
-¿Qué impresión te queda a 30 años?
-La general es que es una jornada de todos. Se trata de una vieja victoria de todos nosotros, tras un largo proceso. Recuperamos estos espacios para la gente. Eso es muy fuerte. Y estoy seguro de que con el tiempo este día, el 24 de marzo, tendrá un diferente significado. Siempre fue un día de luto. Se está convirtiendo en un día para recordar. No sólo de tristeza. Para todos, un día que sirva de incentivo para darle para adelante.
-¿Y en lo personal?
-Tenía una asignatura pendiente. Esta casa forma parte de mi vida. Me dio una nueva vida. Después de esos 120 días fui incorporando nuevas dimensiones pero me faltaba tomar esta última, real dimensión. La casa no termina de darme vivencias. Estoy feliz.
--¿Y el dolor?
-El dolor viene en el paquete de la vida.
Es admirable cómo del sufrimiento, de la desolación, edifican una historia posterior de esperanza y de alegría. Se nota en la sonrisa de los sobrevivientes. También en las de Madres, Abuelas o Hijos. La contracara brutal de lo que padecieron ellos o sus familiares en los más de 160 centros clandestinos de la Dictadura. La Escuela Superior de Mecánica de la Armada fue la emblemática. Estaba, está, a poco más de 600 metros de River. Más de una vez se confundieron los disparos efectuados en la ESMA, las balas que asesinaban, con los que venían del centro de práctica del Tiro Federal, que está frente al estadio en el que se jugó el Mundial 78 al tiempo que a pocas cuadras torturaban, masacraban, asesinaban, subían cuerpos a aviones para tirarlos al río.
La ESMA, como la Mansión Seré, 30 años después son monumentos de la Memoria. Allí volvió a ponerse los guantes Claudio. Allí se abrazó emocionado a Guillermo Fernández. Los dos, junto a Daniel Rusomano y Carlos García, lograron evadirse descolgándose desnudos y esposados desde una ventana del primer piso. Ayer, a 30 años, más de mil corrieron 10 Km por las calles de Castelar en la "Prueba Atlética por la Verdad, la Memoria y la Justicia". Por la tarde varios miles se divirtieron viendo a sus ídolos en los terrenos de la mansión.





