El arquero que merece revancha
Un día como hoy, más precisamente el 6 de mayo de 1984, nacía en Empalme Villa Constitución (Santa Fe) un joven muchacho que soñaba con dejar su huella dentro del fútbol argentino. Con apenas 6 años, ya tenía en claro su anhelo de ser futbolista. Para ello, le pedía continuamente a su madre que lo lleve a algún club para poder iniciar su camino a la gloria. Convencida de cumplir el deseo de su hijo, Mónica Luján acompañó a su crío a Empalme Central, y al momento de preguntar de qué jugaba el pequeño, sin dudar, sentenció: “Es arquero”. “Perfecto”, exclamó el entrenador del equipo antes de preguntar el nombre del gurrumín. “Juan Pablo Carrizo”, dijo el niño, ansioso por entrar a jugar.
Al principio, no le gustaba el arco. Le escapaba a las voladas y los revolcones que tantos golpes y moretones le dejaba. Con el correr del tiempo, le tomó el gustito a atajar. Luego de dar sus primeros pasos en Empalme Central, emigró a Sociedad Italiana, y finalmente llegó a la Academia Ernesto Duchini, donde tuvo la posibilidad de enfrentarse ante la Sub 15 de un tal José Pekerman, con Ubaldo Matildo Fillol como entrenador de arqueros del seleccionado. Como era de esperar, la selección juvenil arrasó con el combinado santafesino, pero el joven guardavallas maravilló a todos con sus voladas.
Esa misma tarde, entre la tristeza de los chicos locales, se rumoreó que un jugador de Duchini había llamado la atención en Pekerman y Fillol. El gran arquero campeón con Argentina en 1978 le pidió al entrenador que citara a ese joven arquerito que se había lucido ante jugadores juveniles como Pablo Zabaleta, Carlos Tevez y Javier Mascherano, entre otros.
Con el correr del tiempo, Carrizo se transformó en arquero de la Selección Sub 15 y Sub 17, como integrante de Duchini. Finalmente, tuvo la oportunidad de viajar a Capital Federal y se sumó a las Inferiores de River Plate. Integrante de la recordada categoría 84, Carrizo ya asomaba como una esperanza del arco millonario. Tal fue su gran nivel que en 2002, con Ramón Díaz como entrenador, fue suplente de Ángel David Comizzo en la Bombonera, en el recordado 3 a 0 que obtuvo River ante Boca, con la exquisita vaselina de Ricardo Rojas en la agonía del encuentro.
Sin desesperarse, esperó su oportunidad durante 4 años, mientras Ángel Comizzo, José María Buljubasich, Alejandro Saccone, Franco Costanzo y Germán Lux peleaban por la titularidad del “arco más grande del mundo”, como muchos lo definen. Con la llegada de Daniel Passarella en el verano del 2006, Carrizo tuvo su oportunidad, y no la desaprovechó. En los choques veraniegos, demostró un buen nivel, y se ganó la titularidad para el partido de ida en el repechaje por la Copa Libertadores 2006. Con 21 años, debutó el 26 de enero, en el triunfo por 6 a 0 de River frente a Oriente Petrolero. Tres días después, tuvo su primer encuentro oficial en competiciones nacionales: su equipo ganó por 5 a 0 ante Tiro Federal, en Rosario.
Con un claro competidor como Germán Lux, quien peleaba por un lugar en el Mundial de Alemania 2006, Carrizo no bajó los brazos, y empezó a maravillar con sus atajadas, al punto de ser catalogado como un auténtico guardavallas de equipo grande. Durante su primer año al frente del arco riverplatense, sorprendió con tapadas de calidad, y además rompió los esquemas de arquero tradicional. Desde ese entonces demostraba un buen juego con los pies, y sin gran experiencia, agigantó su imagen en un clásico contra San Lorenzo, donde paró de pecho un remate de mitad de cancha de Andrés Silvera. Como si esto fuera poco, también detuvo un penal ejecutado por Sebastián Saja. Sin ir más lejos, entró en los corazones de los hinchas de River luego de una actuación sobresaliente contra Boca, en la Bombonera, que podría haber terminado en paliza xeneize. Afortunadamente para los hinchas millonarios, Carrizo estaba en el arco, preparado para detener todo lo que se le ponía enfrente, incluso un tiro libre de Riquelme, que alcanzó a desviar con su pierna derecha.
Todos los expertos admiraban la calidad de Carrizo en el arco, y la oportunidad en la Selección Argentina no se hizo esperar. De la mano de Alfio Basile, debutó como arquero nacional en un amistoso frente a Chile, disputado en Mendoza, con un 0 a 0 como resultado final.
Paralelamente, la ambición por crecer y dar pasos acelerados hizo que Carrizo emigre rápidamente al Viejo Continente. Con menos de 100 partidos con la camiseta de River, el joven arquero fue fichado por Lazio, un club italiano que desembolsó siete millones y medio de euros con un contrato fijado por cinco temporadas. Entre la bronca por no poder salir campeón, y la inexperiencia propia de un arquero con tan pocos encuentros disputados en Primera, JP apresuró su salida, indicando que “ya había cumplido una etapa”. Tal fue el apuro que ni siquiera se percató que se incorporaría a un equipo europeo sin pasaporte comunitario.
Confirmado su traspaso a Lazio, llegó a Italia con el claro objetivo de hacer historia en Europa. Desafortunadamente, el equipo romano ya tenía el cupo de extranjeros completo, y decidió que Carrizo no sea cedido a otro equipo de la misma liga. Con un Juan Marcelo Ojeda irregular, y con Daniel Vega y Bernardo Leyenda como competidores, River no encontraba un arquero que pudiera reemplazar a Juan Pablo Carrizo. Ni lerdo ni perezoso, el entrenador Daniel Passarella pidió expresamente que repatriaran al santafesino que no tenía lugar en Lazio. Con un préstamo de un año, JP volvió a River. Fue suplente contra Arsenal de Sarandí, y luego desplazó a Ojeda del arco millonario. Su regreso oficial fue en los octavos de final de la Copa Sudamericana 2007, contra Botafogo.
Ya asentado como titular indiscutido, considerado pieza fundamental en el nuevo River de Diego Simeone, afrontó el 2008 con un nivel superlativo. Alcanzó un record de 598 minutos sin recibir goles, y en las primeras 10 fechas del Torneo Clausura sólo había recibido 2 goles en contra. “Mi sueño es salir campeón antes de irme a Italia”, declaraba Carrizo una y otra vez. Fue figura por sobre el resto de sus compañeros, y hasta encaminó varios triunfos desde el arco. Finalmente, River sumó su 33º campeonato en la historia, y JP tuvo que partir, con la promesa de un regreso en el futuro.
A pesar de mostrarse como un gran arquero a nivel nacional y sudamericano, Carrizo no tuvo éxito en Europa. En Lazio no supo afianzarse, y con la llegada del uruguayo Fernando Muslera, perdió la titularidad. Además, los hinchas italianos lo abucheaban al momento de ejecutar las clásicas gambetas que definen su propio estilo como guardián del arco.
En la temporada 2009/2010, pasó a préstamo a Zaragoza, entidad en la que solamente atajó 17 encuentros sobre un total de 38. Las chances de viajar como arquero al Mundial de Sudáfrica 2010 eran cada vez más escasas. “Carrizo es mi arquero”, decía el entonces entrenador Diego Maradona, quien marginó a JP del arco luego de la histórica caída en La Paz ante Bolivia, por 6 a 1. Las críticas eran cada vez más notorias y continuas, sin embargo, muy pocos reconocen que en aquel partido Carrizo fue figura, evitando una caída aún mayor por parte del seleccionado boliviano.
Por su parte, su River querido hizo historia por culminar el Torneo Apertura 2008 en la última posición. El fantasma del descenso comenzaba a rondar por Núñez, y el electo presidente Daniel Passarella debía conformar un equipo que le permitiera una suma importante de puntos de cara a la temporada 2011/2012. Sin lugar en Lazio, Carrizo vio con buenos ojos regresar al club que lo vio nacer. Ya convertido en gran referente riverplatense, ratificaba ser el mejor arquero de River de los últimos 20 años con atajadas fantásticas.
Un importantísimo triunfo ante Boca en el Monumental agigantó la imagen de ese Pichi nacido en Santa Fe. River se ilusionaba con evitar la Promoción, y hasta se daba el lujo de sumar muchos puntos que lo alejaban de esa temida zona que ningún equipo quiere atravesar. Cuando todo parecía marchar por el camino indicado, llegó la primera frustración del 2011. En un entrenamiento, Carrizo sufrió una lesión los ligamentos del tobillo, y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente.”Va a estar dos meses sin jugar”, anunciaba públicamente el médico Luis Seveso. A su regreso, parecía que la inactividad no pesaba. Finalmente, con el nerviosismo como claro protagonista, Carrizo se equivocó en dos partidos trascendentales como Boca y San Lorenzo. Muchos lo crucificaron por estas dos falencias, dejando de lado la gran cantidad de puntos que sumó River durante toda la temporada gracias a la figura de Carrizo. Era más fácil juzgar el error en un arquero, y no hacer referencia a la gran cantidad de goles desperdiciados por los delanteros.
A pesar de dar todo por su equipo, Carrizo tuvo que afrontar el momento más difícil de su carrera: ser el arquero titular de un River que, por primera vez en la historia, jugaba la Promoción para no descender a la B Nacional. El rival fue Belgrano, y el desenlace es más que conocido. Llorando, rememorando todas sus vivencias en River, con la cinta de capitán en su brazo izquierdo, y reafirmando lo injusto que muchas veces es el fútbol, Carrizo entraba en la historia negra del club por ser el arquero de aquel equipo. Con sed de revancha, hizo lo imposible para quedarse, pero tanto Passarella como el reciente entrenador Matías Almeyda optaron por Daniel Vega y Leandro Chichizola como arqueros del club.
De cara a la temporada 2011/2012, Carrizo ponía fin a su vínculo con River. Y así se iba, por la puerta de atrás, como muchos ídolos millonarios, sin merecerlo. Lazio nuevamente era su destino, convencido que no tendría continuidad. Con apenas un partido disputado en seis meses, pasó a préstamo al Catania en 2012, donde atajó 14 encuentros. Una vez más, regresó al equipo romano, y atravesó otros seis meses con un sólo cotejo jugado.
Ya en 2013, surgió un firme interés por contratarlo del Inter de Italia, y finalmente se incorporó al Neroazzurro. Con Samir Handanovic asentado como titular indiscutido, Carrizo espera su chance en un banco de suplentes, un lugar más que injusto si se analizan sus condiciones como arquero. Pero en el fútbol, no todo pasa por las cualidades técnicas. La mentalidad también es un factor importante desde lo psicológico, y hoy por hoy, JP prefiere ser suplente en un equipo grande de la Serie A antes de sumar experiencia y continuidad en equipos de menor trascendencia, tal como lo hacen Sergio Romero y Mariano Andújar, arqueros de Sampdoria y Catania respectivamente.
Alejado de la Selección, y sin continuidad en Inter, es toda una incógnita saber qué sucederá con Carrizo de cara al futuro. Muchos consideran que merece una revancha en River. Otros lo prefieren alejado de Núñez. Lo cierto es que un arquero con tantas condiciones debe tener una nueva oportunidad. Es garantía de seguridad en cualquier arco. Su gran personalidad muchas veces le jugó una mala pasada, por pecar de sincero, o simplemente por decir lo que muchos no se animan a exclamar.
El tiempo dirá si Carrizo puede volver a ser noticia en un arco como titular, y por qué no, con un regreso merecido a River o a la Selección Argentina. Así como fue indultado Adalberto Román gracias a Ramón Díaz, también puede serlo JP. El fútbol siempre da revancha, la misma que busca el oriundo de Empalme Villa Constitución, que con 29 años recién cumplidos, espera ansioso una nueva oportunidad para demostrar todo lo que realmente representa como arquero para sus fieles seguidores que lo apoyaron desde siempre.
Por Gonzalo Durand
gonzadurand1@hotmail.com
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