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El caso del portero de fútbol


Los porteros de un equipo de fútbol son una gente muy especial. Porque ¿cuántos trabajadores hay que, si cometen un error, son descalificados tan implacablemente?

Imaginemos un portero que está haciendo una temporada magnífica. Ha evitado una serie de goles, ha compensado con una parada espectacular el error de las defensas. Ocurre a menudo. El buen portero rompe la lógica del juego: porque la jugada de los delanteros contrarios ha sido perfecta, al final la pelota iba a entrar en la portería, y entonces, el portero ha hecho una rápida acrobacia, insospechada, y ha impedido un gol que "ya estaba hecho".

Los grandes porteros tienen mucho mérito. Han hecho 10 paradas seguidas espléndidas, decisivas. Gracias al portero, se han ganado muchos partidos. No puede evitar todos los goles, claro está. Siempre, en algún momento, hay unos delanteros contrarios que son más listos que él. Las 10 paradas excepcionales que haya hecho no cuentan, y a menudo si le marcan un gol, se dice que ha fallado. Es curioso. Los delanteros fallan y no pasa nada. Falla el portero y el estadio se indigna.

Creo que para ser portero hay que aceptar una inevitable dosis de fracaso, y esto no es fácil. Los escritores, actores, músicos también tienen fracasos, pero no son silbados públicamente. Un gerente comete un error, pero es disimulable. La pifia del portero, miles de personas pueden verla de cerca. También los jugadores de campo pueden hacer malas pasadas o remates deficientes, pero el público se muestra comprensivo.

¿Cómo puede ser, pues, que haya futbolistas dispuestos a jugar de portero? Quizá pertenecen al grupo de ciudadanos que tienen la vocación de vivir peligrosamente. Sentir la adrenalina del riesgo.

Algo parecido pasará, supongo, a esas personas que asumen un puesto de alta responsabilidad en el mundo de la política. Ya saben que llegará un día en que a su equipo le silbarán un penalti en contra. Y quien tendrá que parar el golpe será él. Aunque la falta la haya cometido otro. Es la cruz que amenaza siempre a quien quiere destacar.

Durante un partido, solo hay un momento en que el portero puede estar tranquilo. Es ese momento de expectación. Cuando tienen que lanzar un penalti. La gente sabe que lo más natural es que no pueda parar el balón. No pasa nada. Pero si lo para... ¡La ovación es enorme! Quizá un portero de fútbol es una de esas admirables personas dispuestas a recibir críticas, esperando la aparición de un momento de gloria.

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