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En la Argentina sentí que me manosearon...

En la Argentina sentí que me manosearon...

Después de dos años de silencio con la prensa nacional, el ex arquero de Boca se defiende de las críticas en la final perdida con Estudiantes y asegura que su paso en el club podría haber sido otro. "Nunca fui un desastre", dice. Y le pega a La Volpe.


El silencio, dos años después, se oye perfecto, exactamente igual. Aldo habla lento, demasiado lento, sin la conocida velocidad guaraní, y de fondo, en su habitación, no se escucha más que el mismo silencio que le hizo de sombra cuando se fue de Boca. "Gané la Recopa en Brasil, contra el San Pablo, y en aquella final ante Estudiantes atajé bien", recordará el paraguayo durante la charla, pero esos recuerdos parecen ser suyos nomás. Su último partido en Boca, el 31 de mayo del 07, fue en la semifinal de la Libertadores contra el Cúcuta colombiano, una caída 3-1 en la que se comió el segundo gol y le tatuaron su adiós definitivo. "No sé si la gente tendrá buenos recuerdos míos", también dirá Bobadilla, hoy justamente en Colombia, titular en el Independiente Medellín, luego de haber olvidado un silencio con la prensa argentina que llevaba, por supuesto, dos años. "Esperé mucho tiempo para hablar porque entonces no quise sumarle más problemas a Boca -devela-. Pese a ser tímido soy también un hombre impulsivo, con mis broncas, y creía que lo mejor era callarme. Hablar hubiera significado echarle más leña al fuego, y Boca no estaba para eso".

-¿Creías que tu salida había sido injusta?

-Es que entonces venía jugando, me tocó la transición entre Basile y La Volpe, y luego, con Russo, se terminó. No sé qué imagen le habrá quedado de mí a la gente, pero en un año me tocó ganar dos títulos, la Recopa y la Libertadores, y yo sé que si hubiéramos salido campeones ante Estudiantes la historia habría sido distinta para mí. Habrían cambiado muchas cosas. Aquello fue una desgracia.

-¿Qué pensás que hubiera cambiado?

-Y... (bufa) el ser campeón te da muchas cosas... Seguro que me habrían dado más chances, y después no sé por qué se dijeron tantas cosas de mí, porque en esa final yo salí con la frente alta. No hubo goles por culpa mía, y hasta saqué balones importantes.

-Sin embargo, Aldo, fuiste el único que perdió la titularidad.

-Y eso que mi balance, en Boca, nunca fue desastroso. Entonces sufrí mucho, era muy difícil que a Boca se le escapara una final así, pero sucedió. Por suerte ahora fue campeón.

-¿Y qué imagen pensás que dejaste en la gente? Porque entró Caranta y jamás se te nombró.

-No sé si la hinchada tendrá buenos recuerdos míos. En la prensa, bueno, en la prensa sí se dijeron algunos cosas que me afectaron demasiado.

-¿Se pueden recordar?

-No, bueno, cosas que iban más allá del juego, cosas que me hicieron sentir manoseado, que repercutieron en lo futbolístico. En la Argentina, a veces, yo me sentí manoseado...

-No sé cómo se lo recordará a García, pero muy bien no le ha ido.

-Vi todo lo que le pasó, sí, pero Javier es un gran arquero. Me asombró cuando Ischia sacó a Caranta, pero yo me entrené con Javier y tiene condiciones.

-Palermo dijo en el 06, luego de que se fuera La Volpe, que Ricardo no había entendido lo que era Boca. Y le criticó su forma de jugar.

-Y estoy de acuerdo con Martín. Si La Volpe hubiera dejado todo como estaba la historia habría sido otra. El equipo jugaba muy bien, y de la noche a la mañana no podés conocer a una persona y cambiar un sistema. Y a Boca, se vio, le costó mucho hacer eso.

-Y pobre de vos, que te hacía salir jugando.

-Pero tampoco es que erré mucho, ¿eh? Aquí, en Colombia, se juega mucho con los pies, y nadie me dicen nada.

-En el 1-3 con River...

-Se la di al defensor (Silvestre) y él me la tendría que haber devuelto, pero no lo hizo. La idea era tocarla y, si no se podía, que me la devolvieran, así yo salía por el otro lado. Nada raro, y armaron un lío con eso. La Volpe, eso sí, era un personaje. Tenía cada salida. Una vez estábamos entrenando laterales en contra y me recordó que Arsenal, nuestro rival, había metido un gol así. "¡Y el arquero no salió! -me gritó-. Yo no sé si se creía Sansón, y pensaba que el travesaño no le haría nada si se le caía, o qué. ¡Sansón!". Tuvimos que parar la practica de la risa que me atacó.

-Pero nada que ver Sansón, Aldo, con eso.

-¿Y a mí qué me importa? Yo me cagué de risa, hermano.

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