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Es el número uno

Caranta lleva el 12, pero se adueñó del arco de Boca y es el arquero top del torneo: "Tengo que ser clave, y las cosas vienen saliendo".


Ya cumplí mi primer sueño: jugar en Primera. Y como soy hincha de Boca, jugar ahí sería otro", afirmó hace unos años Mauricio Caranta, cuando estaba afirmado en Instituto.

Y luego de un breve paso por México, el sueño empezó a hacerse realidad muy rápido: Russo le dio la chance en los amistosos de verano y él la aprovechó y se quedó con el arco de Boca. Un arco bastante pesado, ya que en los últimos 30 años sólo pudieron cuidarlo con continuidad cuatro monstruos: el Loco Gatti, Navarro Montoya, Oscar Córdoba y Abbondanzieri. En su primer día en Boca, el número 12 mostró que además de las ganas tenía humildad: "En una de las oficinas vi que había muchísimos videos. Me animé y pregunté si había alguno de Abbondanzieri. Me lo prestaron y lo vi varias veces. Me sirvió mucho. No tiene un estilo marcado, pero es rapidísimo. Eso es lo que me gusta". Hoy, está pasando un momento bárbaro y aprobando la materia más difícil: eficacia en las pocas situaciones que debe resolver. "Eso es lo que exige el arco de Boca y lo que me piden los hinchas. Tengo que ser clave en un partido, me lleguen poco o mucho.

Por suerte las cosas me están saliendo bien y puedo darle tranquilidad al equipo. De eso se trata", dice con voz baja. Y enseguida agrega: "Hoy me toca ser titular, pero ningún jugador de Boca puede darse el lujo de sentirse dueño del puesto porque eso hay que reafirmarlo a diario" Si uno hiciera una radiografía de Caranta, lo primero que habría que decir es que se trata de un arquero bastante completo. Tiene ubicación, personalidad y actitud. Se lo ve siempre tranquilo y transmite serenidad a sus compañeros, un atributo no menor por el puesto que ocupa. Otra virtud son sus piernas, potentes y rápidas. Cuando sale del arco en busca de la pelota, lo hace con velocidad y decisión. Esas mismas piernas lo ayudan a despegarse con facilidad del suelo y concretar atajadas espectaculares. Y si hay que jugar con los pies es muy confiable: dispone de una pegada larga y precisa. —¿Quién fue el que mejor te trabajó en el puesto? —Ese es un tema. En mi época de juvenil jamás tuve un entrenador, crecí instintivamente. El primero fue Sergio Lippi, quien llegó a Instituto con el Chulo Rivoira. Recién con él empecé a hacer trabajos específicos de arquero. Por eso, ahora disfruto cada entrenamiento con el Gringo Civarelli. Así se crece. —¿Cuál es para vos el arquero ideal? —¿Hoy? No sé si hay, no creo. Sí hay grandes arqueros. Si tengo que elegir, me inclino por el Pato. Me gustó mucho lo que hizo en Boca. Y en la Selección llevaba una mochila enorme y puedo superar eso. —Este será tu primer superclásico oficial. ¿Se puede comparar con los del verano? —Son momentos diferentes, no hay comparación. Los del verano sirven para medirte, más allá de que nunca vas a querer perder contra River, para que el técnico vea cómo se va ensamblando el equipo, qué funciona bien y qué hay que corregir. Ahora es otra cosa. Hay en juego tres puntos clave. Boca juega para ratificar todo lo bueno que viene haciendo y para quedarse en la punta del campeonato. —Además, tienen la chance de dejarlos con las manos vacías... —Nosotros no pensamos en sacar a River del campeonato. Jugamos por algo más importante: el honor. Queremos seguir en la punta y también elevar el nivel del equipo. —Cuando llegaste, dijiste que venías para quedarte. Con el nivel que estás teniendo debés sentir que estás mucho más cerca. ¿Es así? —Mi primer objetivo era tratar de llegar al arco. Ahora, la meta es consolidarme. Yo trabajo con la idea de quedarme por mucho tiempo en Boca.

Un arquero que todavía no tiene techo
VICTOR CIVARELLI. Entrenador arq. de Boca.

Más allá de que pueda cometer los errores normales de un arquero, Mauricio es casi completo. Es bueno entrenándose, es bueno escuchando y mejor aprendiendo. Y está siempre predispuesto. En los partidos ves que saca todo su carácter, esa personalidad que tiene, y eso le hace muy bien. Porque no se entrega jamás. Y no tiene techo, porque todavía le falta aprender. Está buscando un equilibrio general que llega con los años y la competencia. Pero ya es un arquero extraordinario. El aprendió a atajar por instinto, algo común en los arqueros. Hasta que aparece alguien que marca conceptos, corrige errores y levanta virtudes.

En esta profesión siempre se aprende. Mauricio también tiene una excelente técnica de golpeo y de recepción, es rápido con los pies, habilidoso. Se nota que empezó como jugador de campo. Técnicamente es tremendo y físicamente, ni hablar. Como entrenador, lo mejor que me puede pasar es trabajar con muchachos como él, como Aldo, como Pablito, como los chicos de abajo. Yo siempre digo que una cosa es ser jugador de fútbol y otra, ser un profesional del fútbol. Y esto último son los arqueros que entreno. Eso me enorgullece.

 

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