Esteban Dei Rossi: "Es cuestión de esperar y no desesperar"
El arquero suplente desde hace tres años en los "decanos" es un ejemplo por su trabajo.
EL PRIMER TRABAJADOR. Dei Rossi da clases de esfuerzo en las prácticas
Las decisiones difíciles se asemejan a un jarabe de sabor dudoso: lo ideal sería no tener que tomarlas, pero tarde o temprano se hace necesario hacerlo. Hace tres años, Esteban Dei Rossi tuvo entre sus manos una de estas encrucijadas y eligió sacrificar la titularidad indiscutida en el arco de Racing de Córdoba por la lucha silenciosa que le significó ubicarse detrás de la figura inamovible de Lucas Ischuk.
Decisión de la que, por cierto, jamás se arrepintió. "Hoy me toca estar atrás de Lucas, quien para mí, además de ser un amigo, es uno de los mejores arqueros de la categoría", certifica el "Tiburón", que deja en claro cada vez que puede que entre ambos no existen envidias sanas ni enfermas sino la mejor de las relaciones. "En los años que venimos trabajando juntos, siempre lo hicimos con el mismo compañerismo y profesionalismo para ayudarnos entre los dos y apoyarnos sin importar a quién le toque estar", agrega.
La suplencia del arquero, se sabe, es la más larga y difícil en el país del fútbol. A diferencia de lo que sucede con los jugadores de campo, pueden pasar temporadas enteras sin que el uno titular abandone el mangrullo. Dei Rossi, desde que llegó al club, sólo fue titular una vez: fue contra Gimnasia y Esgrima La Plata en el partido despedida del torneo. A todas luces, una situación poco alentadora para aquél que está en el banco. Aún así, la experiencia le ha permitido encontrar en la actividad constante el catalizador para su lógica ansiedad.
"Trato de superarme a mí mismo en cada entrenamiento y me focalizo en corregir mis errores. También busco mantener la cabeza en otras cosas que no tengan que ver con el fútbol para no quedarme pensando y maquinándome sobre si puedo o no jugar. Es cuestión de esperar y no desesperar", revela este luchador de las sombras, señalado por varios dedos como un ejemplo de trabajo y tenacidad en las prácticas del plantel "decano".
Así como lo cuenta suena fácil, pero reconoce que no lo es. "El futbolista siempre quiere jugar, pero bueno, mi puesto tiene estas cosas y hay que seguir luchándola. Hay que ser profesional dentro y fuera de la cancha y no bajar nunca los brazos, para que cuando te llegue la oportunidad, no la desaproveches", aconseja el guardavalla, ducho en el arte de la espera.
"Me dejó muy conforme lo que hicimos en la pretemporada", relata al momento de los balances. "Fueron 15 días durísimos que nos van a servir de base para lo que queda del campeonato. Todavía falta ultimar algunos detalles de trabajo con pelota, pero semana a semana fuimos mejorando y hoy el equipo tiene un ritmo bárbaro", afirma el cordobés, con ese acento mediterráneo que se resiste a dejar de delatarlo cada vez que articula dos palabras juntas.
Para él, la clave no será arrancar con el pie derecho sino con los dos pies juntos. "Nos estamos esforzando mucho porque queremos arrancar de la mejor manera posible. Si empezamos bien, el equipo irá agarrando la confianza con la que terminó el torneo pasado y estaremos más cerca de nuestro objetivo, que es ascender" sostiene el guardián, resaltando a su vez la buena onda entre los residentes y los recién llegados: "por suerte, se armó un lindo grupo, con jugadores jóvenes y otros con experiencia. Tenemos un equipo que está muy bien preparado y que desde la primera fecha va a salir a buscar los puntos que le permitan festejar al final de la temporada".
El "Tibu" ataja lo que le tiren, pero a la pregunta final sobre a quién pondría a cuidar los palos si él fuera el técnico prefirió dejarla pasar. "A esa te la quedo debiendo, je", responde con picardía. Era sabido.
Las decisiones difíciles se asemejan a un jarabe de sabor dudoso: lo ideal sería no tener que tomarlas, pero tarde o temprano se hace necesario hacerlo. Hace tres años, Esteban Dei Rossi tuvo entre sus manos una de estas encrucijadas y eligió sacrificar la titularidad indiscutida en el arco de Racing de Córdoba por la lucha silenciosa que le significó ubicarse detrás de la figura inamovible de Lucas Ischuk.
Decisión de la que, por cierto, jamás se arrepintió. "Hoy me toca estar atrás de Lucas, quien para mí, además de ser un amigo, es uno de los mejores arqueros de la categoría", certifica el "Tiburón", que deja en claro cada vez que puede que entre ambos no existen envidias sanas ni enfermas sino la mejor de las relaciones. "En los años que venimos trabajando juntos, siempre lo hicimos con el mismo compañerismo y profesionalismo para ayudarnos entre los dos y apoyarnos sin importar a quién le toque estar", agrega.
La suplencia del arquero, se sabe, es la más larga y difícil en el país del fútbol. A diferencia de lo que sucede con los jugadores de campo, pueden pasar temporadas enteras sin que el uno titular abandone el mangrullo. Dei Rossi, desde que llegó al club, sólo fue titular una vez: fue contra Gimnasia y Esgrima La Plata en el partido despedida del torneo. A todas luces, una situación poco alentadora para aquél que está en el banco. Aún así, la experiencia le ha permitido encontrar en la actividad constante el catalizador para su lógica ansiedad.
"Trato de superarme a mí mismo en cada entrenamiento y me focalizo en corregir mis errores. También busco mantener la cabeza en otras cosas que no tengan que ver con el fútbol para no quedarme pensando y maquinándome sobre si puedo o no jugar. Es cuestión de esperar y no desesperar", revela este luchador de las sombras, señalado por varios dedos como un ejemplo de trabajo y tenacidad en las prácticas del plantel "decano".
Así como lo cuenta suena fácil, pero reconoce que no lo es. "El futbolista siempre quiere jugar, pero bueno, mi puesto tiene estas cosas y hay que seguir luchándola. Hay que ser profesional dentro y fuera de la cancha y no bajar nunca los brazos, para que cuando te llegue la oportunidad, no la desaproveches", aconseja el guardavalla, ducho en el arte de la espera.
"Me dejó muy conforme lo que hicimos en la pretemporada", relata al momento de los balances. "Fueron 15 días durísimos que nos van a servir de base para lo que queda del campeonato. Todavía falta ultimar algunos detalles de trabajo con pelota, pero semana a semana fuimos mejorando y hoy el equipo tiene un ritmo bárbaro", afirma el cordobés, con ese acento mediterráneo que se resiste a dejar de delatarlo cada vez que articula dos palabras juntas.
Para él, la clave no será arrancar con el pie derecho sino con los dos pies juntos. "Nos estamos esforzando mucho porque queremos arrancar de la mejor manera posible. Si empezamos bien, el equipo irá agarrando la confianza con la que terminó el torneo pasado y estaremos más cerca de nuestro objetivo, que es ascender" sostiene el guardián, resaltando a su vez la buena onda entre los residentes y los recién llegados: "por suerte, se armó un lindo grupo, con jugadores jóvenes y otros con experiencia. Tenemos un equipo que está muy bien preparado y que desde la primera fecha va a salir a buscar los puntos que le permitan festejar al final de la temporada".
El "Tibu" ataja lo que le tiren, pero a la pregunta final sobre a quién pondría a cuidar los palos si él fuera el técnico prefirió dejarla pasar. "A esa te la quedo debiendo, je", responde con picardía. Era sabido.





