Kiraly, historia bajo palos
Gabor Kiraly es una figura destacada en el complicado y agitado mundo del fútbol profesional. No cabe duda de que estamos ante un portero muy especial: este húngaro de 35 años brilla de vez en cuando con paradas poco ortodoxas y, pese a la tranquilidad que transmite, también arenga a sus compañeros con gestos de ánimo de lo más explosivos.
Además, domingo tras domingo, luce unos característicos pantalones grises de chándal, su seña de identidad desde hace ya mucho tiempo. Recientemente, Kiraly, que traducido significa "rey", entró en los libros de historia.
En el partido amistoso que la selección húngara empató 1-1 ante Bulgaria a finales de febrero, el cancerbero del Múnich 1860, de la segunda división alemana, defendió los colores de su país por 86ª vez. Con esta cifra igualó a Gyula Grosics, otra leyenda húngara bajo los palos. Ambos son los guardametas con más partidos del combinado magiar. "Es un gran honor para mí. Me siento muy orgulloso y estoy preparado para jugar más compromisos internacionales", reconoció el arquero en su entrevista exclusiva a FIFA.com.
Una estrella atípica
Grosics es un ídolo para Kiraly. "Por desgracia, jamás lo vi por televisión, pero sí que estamos en contacto directo. Me da algún que otro consejo y hablamos de infinidad de cosas", afirma el simpático jugador del histórico club muniqués acerca del cancerbero de la legendaria selección húngara de la década de 1950. "Grosics tiene 86 años, ambos hemos jugado 86 encuentros con Hungría y nuestro país disputó su último Mundial en 1986. Es una casualidad extraordinaria. ¡Está claro que el 86 es un número mágico!"
Kiraly, originario de Szombathely, localidad muy próxima a la frontera con Austria, es una persona muy pasional. Siempre se mueve en los extremos, pero solamente sobre el césped. Lejos de los terrenos de juego, es un hombre prudente, sensato, con los pies en el suelo y muy cercano. Conduce desde siempre un pequeño utilitario y sabe muy bien cómo valorar los altibajos de su profesión. Por lo tanto, no es de extrañar que Kiraly hable con este respeto sobre Grosics: "Lo admiro muchísimo". Y, pese a compartir récord de internacionalidades, él no se ve a la altura de su ídolo, ni mucho menos.
A lo largo de sus 19 años de trayectoria profesional, el actual número dos de la portería húngara, que ha militado en equipos de su país, así como de Inglaterra y Alemania, ha aprendido a afrontar el frenesí del día a día con una sana porción de distancia. Los objetivos siempre son relativos, ya que, al fin y al cabo, también dependen de las oportunidades que se presenten. A Kiraly le gustaría regresar a la primera división alemana con el Múnich 1860, pero los Leones se encuentran ahora mismo a nueve puntos de la zona de ascenso.
Evidentemente, y a pesar de afrontar el ocaso de su carrera, le encantaría participar en la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014, pero ya hace tiempo que el fútbol húngaro dejó de pertenecer a la élite; todo lo contrario que en la época dorada de Grosics. "Como dice el refrán: ‘Nunca digas nunca’. Aunque tampoco hay que marcarse objetivos imposibles. En el mundo del fútbol, lo más decisivo es reconocer situaciones importantes, tomar decisiones acertadas y aprovechar bien tus oportunidades", explica Kiraly. "Últimamente, a Hungría siempre le ha faltado ese plus. Pero ahora contamos con algunos jugadores que han acumulado muchos años de experiencia en el extranjero, y eso puede ayudarnos mucho en la selección. Queremos aprender y nuestro deseo es ir progresando poco a poco".
"El sorteo no nos ha sido muy favorable, puesto que estamos encuadrados en el Grupo D de clasificación junto a Países Bajos, Turquía, Rumanía, Estonia y Andorra. Pero seguro que alguna de estas selecciones da la campanada. Quizá sea Estonia. O quizá seamos nosotros. ¡No hay nada imposible!", analiza. Para Kiraly, viajar a Brasil sería, con toda seguridad, el broche perfecto a su carrera.
Entre la renovación y la constancia
Hace ya 14 años que el "Rey" de Szombathely —precisamente la patria de los ancestros de Leopold Bloom, el personaje principal de la novela universal Ulises, de James Joyce— debutó con su selección. Hungría ganó 2-3 en Viena contra Austria y, cuando apenas habían transcurrido cuatro minutos de juego, el joven Kiraly detuvo un penal lanzado por Toni Polster, en el que fue su primer contacto con el esférico. Su nombre siempre ha estado ligado a la espectacularidad pero, sin su predisposición a adaptarse a los nuevos tiempos, Kiraly no estaría ahora mismo donde está.
"Ha habido muchos cambios en el reglamento en cuanto a los arqueros se refiere. Cuando yo empecé, la cesión al portero todavía era legal", recuerda Kiraly. "Pero lo más importante es esforzarse por estar siempre al máximo nivel. Además, hay que estar dispuesto a renovarse y abierto a cualquier cambio que se produzca". Sólo hay algo que no ha cambiado en todo este tiempo: sus pantalones grises de chándal.
¿Cuál es el motivo? "Llevo jugando con ellos desde 1996. Un día, cuando aún estaba en el Szombathely, no tenía pantalones negros limpios, así que me puse los grises. A partir de ahí encadenamos una racha de ocho o nueve partidos sin perder y conseguimos la permanencia. Desde entonces, han sido mi amuleto de la suerte allá por donde he ido. ¡Y eso es algo que nunca cambiará!", sentencia.partidos sin perder y conseguimos la permanencia. Desde entonces, han sido mi amuleto de la suerte allá por donde he ido. ¡Y eso es algo que nunca cambiará!", sentencia.





