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La mano, cambiada

Walter Cáceres llegó al partido con lo justo, pero sólo jugó un tiempo. En su lugar, entró Jaime, responsable del gol.



Cáceres se estira para atajar el penal. El palo hizo su parte.


Todas las especulaciones previas quedaron en la intrascendencia cuando Walter Cáceres ingresó al campo de juego con la 1 en la espalda. El hombre que el 2 de junio había sido víctima de la violencia en el fútbol y que sufrió las secuelas de una bomba de estruendo hasta 72 horas antes del partido, pudo estar presente. Pero sólo en un período... "Me molestó un poco el gemelo", había anticipado en el entretiempo, situación que le impidió continuar en el tramo final. "Con el correr de los minutos, el desgarro se hizo más evidente. Por eso, con el DT decidimos que dejara el puesto. Pese a la tristeza de la derrota, me voy contento por la entrega del equipo, que no bajó los brazos, aun estando en desventaja numérica, tanto en el campo como en el marcador. Dimos un ejemplo de hidalguía y solidaridad", tiró Cubito, que pese a no estar al 100% se mostró seguro cuando lo exigieron.

En su lugar ingresó Gustavo Jaime, quien se transformó en el villano de la película, pues el centro que envió Lovera a los 10' del ST estuvo al alcance de sus manos y, por una desatención, le facilitó el trabajo a Penco. Para colmo, también podría haber sacado su cabezazo, pero sus manos no estuvieron firmes.

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