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"Ya estoy grande para estas cosas..."

El ex Talleres bromeó con su edad, pero disfrutó a pleno de los dos penales atajados y del remate que definió la serie. "Esperemos coronar esto ganando la Copa", dijo.



El arquero patea el quinto penal de Arsenal: fuerte, alto, al medio. Gol, 4-2 y a otra cosa. El equipo de Sarandí a la final.


Ya hace unos cuantos minutos que terminó el partido, que se gozaron y sufrieron por los penales. Que él mismo atajó dos que permitieron que Arsenal pasara a la final. Y a los micrófonos se enfrenta todavía agitado, con la respiración entrecortada, las palabras que salen así, como pueden, como el cuerpo lo permite a los 32 años. El muchachito de la película no es ningún muchachito, no lo siente así. "La verdad que estoy un poquito grande para esto", bromea.

Muchachito u hombre hecho y derecho, Mario Cuenca se robó la noche, afanó en la cuenta de abrazos. Los recibió todos, los de sus compañeros y los de los hinchas. "Necesitaba una noche de éstas. Tuve la suerte de contener las que llegaron en el partido y fue completo con los penales", cuenta con el hilito de aire que le queda antes de tomar oxígeno de nuevo.

El arquero fue el héroe, sin dudas, por los penales que les tapó a Belluschi (el primero de River) y a Lima (el cuarto), las dos veces arrojándose hacia su derecha, y el que convirtió, el último de la serie (lleva seis penales pateados en su carrera y metió todos). Pero antes de eso fue el mejor en los 90, con poco trabajo en el primer tiempo y bastante en el segundo: sacó un buen zurdazo de Lima, contuvo un cabezazo de Rosales dentro del área chica, achicó bien ante Buonanotte y mandó al córner un tremendo derechazo de Belluschi que se metía en su ángulo izquierdo.

Gracias a sus atajadas, Arsenal llegó a los penales. Gracias a sus manos de hombre grande sigue en carrera. "Esto es muy lindo. Siempre tuve suerte en los penales, desde que arranqué con Talleres", cuenta. Y no se conforma para nada: "No hay que hacerlo, conformarse es de mediocres. Este es un grupo humilde, como dicen, un equipo chico. Pero con muchísimos huevos".

Pone el pecho, no esconde las manos, se tira de cabeza hacia la final. Reconoce la dificultad ("América es muy difícil"), pero no se apichona. "Esperemos coronar esto ganando la Copa". Para una vuelta olímpica, claro, no hay edad.

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