Atajo mejor hoy que hace quince años
A seis días de cumplir los 43, el Mono juega en Tacuarembó y se define como "el último mohicano". Dice que ya no hay otro como él, que lo único que les interesa a los arqueros de hoy "es dar rebote", y elige a su pollo: Leo Franco
Bueno, claro, ahora sí. Ahora sí, al fin, podemos entender por qué dijo lo que dijo de Gardel. Recién llegado a Uruguay, vestido con la misma elegancia con la que después ataja, Carlos Fernando Navarro Montoya se sentó a la mesa de la conferencia de prensa y decretó, la voz siempre recia, empresarial: "Gardel es de Tacuarembó". Tacuarembó, por supuesto, su nuevo club, el 14° de su carrera. Primero pensamos lo obvio, la conveniente necesidad de caer bien, otro país, su nueva ciudad, pero al rato lo entendimos. A seis días de cumplir 43 años, el Mono, enorme mono, vuela aún, y cada día, Carlos, este Carlos, cada día ataja mejor.
-Te pregunto igual: ¿era necesario decir eso?
-Yo lo único que dije fue algo que acá no se discute: la nacionalidad de Gardel. Tienen la documentación, todo. Gardel es de Tacuarembó. Para comprar a los hinchas lo único que puedo hacer es atajar bien.
-¿Por qué Uruguay?
-Superada la recuperación (NdeR: en el 07 se rompió los ligamentos cruzados de la rodilla derecha), la idea era volver con todo a Primera, allá. Me llamaron de Argentinos, aclarándome que la prioridad era de Torrico (NdeR: debía volver a Godoy Cruz pero le renovaron el préstamo), y como Sebastián siguió, bueno, tuve que escuchar otras opciones. Hablé con Atlético Rafaela, Ferro, Defensa y Justicia, el Ñol Solano me llamó para que jugara la Copa con Universitario, pero me decidí por Tacuarembó, entre otras cosas, por la cercanía.
-En el 05 fuiste subcampeón con Gimnasia LP, la última vez que peleaste un torneo. Luego, Chicago, Olimpo... ¿No extrañás pelear arriba?
-La vocación es jugar, y acá lo único que no cambia es la vocación. En el fútbol ya las viví todas, mi esencia jamás ha cambiado. En Olimpo yo fui el mismo que en Boca. Nuestra raza está por encima de los resultados, yo estaría mancillando esa raza si te dijera que soy uno peleando un torneo y otro por no descender.
-¿Y por qué los grandes ya no apuestan por vos? ¿Creés que se dirán: "No, bueno, el Mono ya está para otra cosa..."?
-Para mí sería muy fácil atajar en un grande, muchísimo más fácil. Y otra cosa: soy mejor arquero hoy que hace 15 años. El medio es prejuicioso, y si a eso le sumás mi lesión grave, bueno, el combo es fatal. Muchos dudaron de mí, menos yo. Estoy mucho mejor que antes.
-Carrizo, Romero, Orión, por nombrar a tres de los top, marcan tendencia: buenos abajo de los palos, seguros de arriba, no parecen dominar el área, arriesgar, y muchos, hoy, son así. ¿Dónde están los Burgos?
-(silencio) Soy el último mohicano.
-¿Por?
-Porque Gatti no enseña, Comizzo no enseña, yo no enseño, y ya nadie maneja ese concepto. El único, bueno, soy yo. Y ya no hay uno como yo.
-¿Te gustaría enseñar?
-Seguro que sí. De hecho, cada vez que estuve en un club después aparecieron buenos arqueros. Eso quiere decir que yo dejé algo.
-¿Hoy quién te gusta?
-Leo Franco. Es de lo mejor. Y Olave. Después, bueno, tenés muchos con condiciones pero que no las explotan. Allá no hay técnica, no se entrena, nadie fomenta que se atrape la pelota, lo único que les interesa a los arqueros es dar rebote. Y después, claro, te ponen de excusa la pelota. La pelota no puede eximirte de tu responsabilidad. El arquero tiene mucho miedo a equivocarse, y eso es lo peor. No hay peor enemigo que la duda; la duda inhibe, paraliza.
-No me nombraste ningún arquero que esté en el primer plano.
-Porque hablamos de formas, estilos. Se puede triunfar con muchas personalidades. Nadie tiene el patrimonio de la verdad.
-¿Tenés hijos, Mono?
-(silencio) Sí, dos: Michelle y Ezequiel. ¿Por?
-Para saber si vas a llegar a jugar con tu hijo.
-(se ríe) Seguro. Tiene 11 años, y también le gusta el arco. Ya saldré a la cancha con él. Hay Navarro Montoya para rato.





