Noticias

El puesto de arquero es el más ingrato

El puesto de arquero es el más ingrato


“No quería ser alguien que militara en 20 clubes y después nadie se acordara de mí”.

Oliver Khan es uno de los guardametas que más partidos ha disputado en la Bundesliga (torneo nalemana de primera división) con 557 encuentros, desde su debut en el Karlsruher, en 1990, hasta su retiro  en el Bayern Munich, en el 2008.
 
El capitán del combinado de  Alemania que obtuvo el subcampeonato  mundial Japón-Corea 2002 es un referente de la selección germana. Kahn, ocho veces campeón de la Bundesliga, un título intercontinental (2001), un campeonato en la Liga de Campeones y una Copa UEFA, concedió una entrevista de la revista  de la FIFA en internet.
 
¿Añora su vida como futbolista profesional? 
La verdad, no mucho. Después de 20 temporadas en esta profesión  llega un momento en el que uno disfruta poder hacer otras cosas, aunque también es cierto que se extrañan algunas cosas del fútbol, como el ambiente que se vive en el vestuario, las ganas de querer alcanzar un objetivo con el equipo y la adrenalina que se siente antes de cada partido. 
 
¿A qué se dedica ahora? 
Trabajo como comentarista de televisión en los partidos de la selección alemana y participo en un proyecto llamado ‘Yo puedo lograrlo’. El proyecto pertenece a una fundación alemana para la protección de la infancia y se basa en tratar de incentivar y motivar a los jóvenes.
 
¿Qué momentos de su carrera deportiva son los nunca olvidará?
Sin duda las dos finales de la Liga de Campeones. La que perdí en 1999 (ante el Manchester United 2-1) y la que gané en el 2001 (el Bayern Munich ganó 5-4 en la tanda de penales al Valencia, de España). También el título de la Bundesliga del 2001, cuando Patrick Andersson marcó el gol en el último minuto. La Copa Mundial de Corea-Japón 2002, con la final contra Brasil (subcampeones tras perder 2-0), y la de Alemania 2006 (tercer lugar en el torneo en casa) también fueron importantes.
 
¿Recuerda alguna atajada en especial?
Sí, ocurrió en un partido de la Liga de Campeones contra el Glasgow (Escocia). Un jugador llegó hasta la línea de fondo y centró hacia atrás donde llegaba otro de su equipo y remató desde unos ocho metros; el disparo iba por lo menos a unos 120 kilómetros por hora de velocidad y yo pude reaccionar. Con la mano derecha desvié el balón al travesaño. Esa fue la atajada  más increíble de toda mi carrera. 
 
¿Tuvo algún delantero por el que sucumbió al poder de sus goles?
Filippo Inzaghi y Roy Makaay, quien por suerte después fue compañero mío (en el Bayern Munich), siempre me marcaron goles. Cuando jugaba contra ellos, sentía impotencia porque sabía que ahí al frente había alguien que ya me había batido. 
 
¿Qué pensó luego de la derrota en el partido final ante Brasil por la Copa del Mundo 2002?
Primero medité sobre el error garrafal en el primer gol de Brasil (Ronaldo hizo los dos). A pesar de haber jugado a gran nivel los seis partidos anteriores, me quedó claro en ese momento lo ingrato que es el trabajo de  portero. Entendí que en esta posición uno no puede cometer ni un solo error, porque inmediatamente te castigan. También pensé en lo que iba a tener  afrontaría a lo largo de las semanas siguientes y lo mucho que costaría recuperar la confianza.
 
¿Nunca le sedujo la posibilidad de jugar en algún club de otro país? 
Hubo una época, en la temporada 2003-2004  en la que me hubiese gustado cambiar de club. Tuve muchas ofertas, entre ellas una del Manchester United y otra del F.C. Barcelona; sin embargo, nunca se concretaron porque el Bayern siempre me ofreció de todo; especialmente  ganar títulos nacionales e internacionales. Mi idea era marcar una época en el club donde estuviera.

Comentarios