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En el fútbol, el vestuario acaba siendo tu familia

Final de trayecto. Este cartagenero de 36 años ha decidido colgar los guantes ("otros cuelgan las botas"), y, rodeado de sus últimos amigos, poner fin así a 17 años de fútbol.


--Para que se haga cargo del tipo de entrevista: Cartagena, Madrid, A Coruña, Murcia, Zaragoza, Recopa del 95, Supercopa del 2002, tres Copas del Rey, 17 años de profesional, y acaba en el Nàstic. ¿Tal vez porque quería añadir la Copa Catalunya a su palmarés?

--Le advierto que en el vestuario del Nàstic hacen mucho cachondeo estos días con eso, y, a mí, que lo sepa, ese trofeo, el último, el que representa al fútbol catalán, me hace la misma ilusión que los otros, aunque, insisto, mis compañero se han reído mucho cuando lo he dicho.

--El pasado miércoles, cuando usted se despidió, sus compañeros llenaron a rebosar la sala de prensa. Uno me dijo que temía que no se fuera y que se tratase de otra broma de las suyas.

--Mi aventura catalana no ha podido acabar como yo esperaba y me tengo que ir a mitad de temporada, pero si de algo estoy orgulloso es de mis compañeros del Nàstic. Este es un vestuario fenomenal y un grupo humano excepcional, que merecería mejor suerte de la que tiene y, por supuesto, una clasificación más acorde con su esfuerzo y calidad.

--Pero usted los abandona.

--Los dejo, sí, con mucho dolor, pero ha llegado el momento de atender a mi familia. El pasado año me llevé una decepción muy grande cuando estaba en el Murcia, pues apenas jugué. La llamada del Nàstic significó para mí una posibilidad de revancha; tardía, sí, pero revancha al fin, pero mi familia no se ha adaptado y ha llegado el momento de anteponer mi gente al fútbol. Creo que, después de sacrificarlos a ellos durante 17 años, merecen mi atención.

--Ha habido muchos comentarios sobre su repentino adiós. ¿Qué ha ocurrido de verdad?

--Pues algo tan sencillo como que mi mujer, Ana, que creía que, tras dejar A Coruña, ya no nos íbamos a mover de Cartagena, nuestra ciudad, no ha podido adaptarse a la soledad en Tarragona. Los futbolistas nos pasamos el día entrenando, viajando, concentrados, jugando, y ella no se ha sentido con fuerzas de quedarse sola, durante muchos días, con nuestros dos hijos, Juan y Rafael, de 6 y 1 año. Echa demasiado en falta a su familia, especialmente a su madre.

--Hay quien dice que a Juan, su hijo mayor, se le había atravesado el catalán y que lo pasaba muy mal.

--Me encanta que me haga esa pregunta. ¿Sabe por qué? Porque todo es una enorme mentira. No sé de dónde ha salido esa blasfemia, ese bulo, ese rumor, esa falsedad. Es más, si por Juan fuese, nos quedaríamos encantados en Tarragona, en Catalunya. Nos han acogido de maravilla y, a las dos semanas de ir al cole, Juan ya me recibía y me despedía hablando el catalán. ¡No veas cómo lo habla! Ni hablar, los niños eran muy felices aquí. Bueno, Rafael no se entera de nada, pero Juan era el niño más feliz del mundo con su "pare", "mare" y demás. La gente es muy mala. No sé de dónde sacan esas noticias. Pura habladuría.

--¿El deporte, el fútbol en especial, aleja a los deportistas de la familia?

--El deporte, no; el fútbol, tampoco. El deporte de élite y el fútbol profesional, sí. Si quieres cumplir con tu profesión, con el nivel que te exige tu trabajo, la dedicación es absoluta, y el vestuario acaba convirtiéndose en tu familia. No tienes familia: tu familia son tus compañeros. Y eso es muy duro para tu verdadera familia.

--Pues yo veo vestuarios, y no quiero señalar a ninguno, que tienen muy poco de familia, pues alguno de sus miembros hace declaraciones explosivas contra sus hermanos, y, en otros, hasta se atreven a partirle la cara a otro familiar.

--Hay mucha competencia, pero también complicidad. Mire, la única manera de que un equipo funcione, y cuando digo funcione me refiero a que juegue bien, gane y conquiste títulos, es que sus miembros se lleven bien, formen una piña. Sin eso, olvídese: ganas uno, dos, diez partidos, pero no consigues títulos.

--¿Se hacen muchos amigos en el seno de un vestuario?

--Pocos, pero los que haces son auténticos, para toda la vida. Y eso es lo mejor que me llevo del fútbol.

--¿Usted sería capaz de decirle a Ronaldinho lo que ha de hacer?

--Si yo fuese compañero de Ronnie y le viese preocupado, alicaído, bajo de moral, trataría de animarle, claro que sí, pero como lo haría con cualquier otro. Y, por supuesto, si creyese que no está haciendo bien algo, se lo diría. Por su bien y por el del equipo. Y seguro, seguro, que él aceptaría mis consejos. Otra cosa es que los siguiera. Pero eso no solo ocurre en el fútbol: ocurre en la vida. Todos necesitamos de todos.

--¿Cuál es la mayor diferencia que encuentra entre el fútbol de hace 17 años y el de ahora?

--La misma que encuentro en nuestra vida cotidiana, en el día a día: se ha perdido en autenticidad. El fútbol, como la vida, es más tramposo, más negocio y menos transparente. La gente, la normal y la del fútbol, se quiere lucrar haciendo lo mínimo. Cada vez hay más pillos.

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