La insoportable soledad de Iker Casillas
La insoportable soledad de Iker CasillasEn el Real Madrid desde los nueve años, Iker Casillas lleva más de media vida vestido de blanco. Desde los campos de tierra en la vieja Ciudad Deportiva del Paseo de la Castellana hasta esta nueva de Valdebebas, el camino de Casillas ha devenido en triunfo. Ya de pequeñito todos los técnicos decían que ahí había un guardameta de futuro y de categoría. Internacional en todas las categorías, estuvo en el sitio exacto y a la hora justa para debutar con el Real Madrid en septiembre de 1999 en San Mamés. Y desde la Catedral al infinito.
La trayectoria de Casillas en el Real Madrid y en la selección absoluta ha sido inmaculada. Su disciplina y trabajo siempre fue recompensado con la titularidad, además de su buen hacer bajo los palos. Sin embargo, ni su largo ya recorrido por el Madrid y la selección le han evitado momentos de soledad. Porque solo sufrió su suplencia en 2002. Y solo se comió la rabia después de la final de la Champions en 2002. Y solo, sin decir nada, como el Madrid realizaba una travesía sin títulos de 2003 a 2006. Siempre solo. Porque el portero siempre está solo. Y en el caso de Casillas, mucho más.
De un tiempo a esta parte, el capitán del Real Madrid ha estado en el ojo del huracán. Considerado el mejor portero del mundo durante varios años, una lesión en en 2012 le mantuvo lejos de los terrenos de juego durante más de tres meses. El Madrid fichó un portero, Diego López, e Iker no volvió a jugar al fútbol con el Real Madrid esa temporada. Sí lo hizo con la selección española, con la que ganó la Euro’12. En lo más alto de su carrera, los males de Casillas comenzaron en mayo de 2010, cuando un Jorge Valdano cariacontecido presentó, en la sala de prensa del estadio, a José Mourinho como nuevo entrenador del Real Madrid. No quiero ser malpensado ni que el técnico portugués ya viniese predispuesto, pero pronto lo que antes era un cielo azul sin ninguna nube se tornó en un cielo plomizo amenazante de tormenta. Y la tormenta llegó. Las acusaciones de presunto chivato minaron la línea de rendimiento de Casillas, que, sin embargo, seguía siendo, en muchos partidos, el mejor del Madrid.
Aquel partido de Málaga, en diciembre de 2011, provocó un cisma. Mourinho, sin mediar lesión ni sanción, relegó a Casillas al banquillo y le dio la titularidad a Antonio Adán. El experimento salió mal y Mou devolvió a Casillas a su lugar natural. No obstante, la jugada desgraciada de Mestalla entre Arbeloa e Iker provocó que este estuviese tres meses lejos de los terrenos de juego. El Madrid fichó a Diego López, que en ese momento no era titular en el Sevilla, que jugó todos partidos hasta final de temporada. La campaña siguiente, para Casillas continuó el ninguneo. Mourinho dijo en rueda de prensa que mientras él fuese entrenador del Real Madrid Diego López sería su portero. No le dio ni una solo posibilidad. No le dijo que tendría que trabajar más. O que ahora mismo veía mejor a Diego que a él. No. Sin opciones. Casillas más solo que la una. ¿Era necesario tratar como a un apestado a un futbolista, bandera y capitán del club, con dos Copas de Europa a sus espaldas, y campeón del mundo?
Ahora el debate se abre cada partido. Después del gol que encajó el Real Madrid la semana pasada contra el Atlético de Madrid, todo el mundo echó la culpa del mismo a Casillas. El resto de jugadores que dejaron rematar a Tiago como si estuviese en el salón de su casa salieron indemnes. En el partido del martes, contra el Basilea, ya desde el calentamiento la gente la tomó con el. Y durante el partido continuaron los susurros de pésimo gusto. Sólo una parada de las suyas provocó una gran ovación que ya continuó hasta el final del choque. El sábado, sus compañeros le dejaron solo. Ahí está Pepe, que en su día le echó un cable con Mourinho, que dijo: “El público es soberano”. El martes Sergio Ramos sí le defendió: “Como madridista, me daría vergüenza pitar a Casillas”. Y vergüenza deben sentir los madridistas de bien.
No me gusta ser agorero, pero me da la impresión que o cambia mucho la cosa o creo que estamos viviendo los últimos estertores de Iker Casillas en el Real Madrid. Pocos clubes tratan tan mal a sus mitos, pero el Madrid es especialista. Sobre todo, últimamente. Ahí están los casos de Hierro, Raúl o Guti. Y cuando Iker ya no esté, habrá a quien se le abran las carnes y diga: “Casillas fue un gran portero. ¿Cuándo volveremos a tener uno como él?”





