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Orión sin nafta

Orión sin nafta

El arquero volvió, sus hinchas lo chiflaron, le metieron una bandera durísima y, de postre, tuvo un mal partido.


CVITANICH LE METE LA PLANCHA AL ARQUERO. EL DELANTERO DEBIÓ HABER SIDO EXPULSADO.
Orión nos arruinaste. Chau, chau, chau". La bandera, puñalada al corazón, duró poco. Pero el tiempo suficiente como para mostrarle al arquero de San Lorenzo el descontento de un grupo de hinchas. Después de esa factura sin retorno, alguien hizo que el trapo desapareciera, aunque igual el flaco de Ramos Mejía sintió el impacto: por primera vez en sus 72 partidos en Primera, vivió la crítica de los mismos fanas que antes de los cruces con la Liga de Quito lo querían en el club de por vida, que antes de la renuncia de Ramón Díaz lo pedían para la Selección, que antes de su pelea por los premios, lo elegían como estandarte del sentimiento azulgrana. Chau, chau, chau.

Después de no estar ni siquiera concentrado contra Colón y Olimpo, el arquero volvió. En la previa, luego de una charla con Norberto Batista, Orión pidió jugar. Puso el pecho. Bancó la situación. El técnico interino lo consultó por si prefería seguir al margen para evitar la potencial queja de los suyos. Pero no. Y así arrimó para el arco local. No hubo cantitos. Pero el aplazo vino disfrazado de una contundente rechifla, como si se tratara de cualquier arquero rival. En estas horas, Bottinelli y Hirsig lo habían respaldado, sacándole presión para no dejar a Orión solo en su enfrentamiento con Ramón Angel. No alcanzó. Y pensar que en enero, el club había rechazado una oferta de 5.000.000 de dólares para que el uno se fuera a jugar al Napoli. Y ahora, ya sin Copa de por medio, se vería con buenos ojos una venta que baje un poco la temperatura del termómetro y que, de paso, equilibre las finanzas.

En lo estrictamente futbolístico, Orión no tuvo un buen partido. En el gol de Civelli pareció mostrar poca reacción en una pelota débil que se coló por el primer palo. En el segundo de Banfield, se apresuró en la salida y barrió a Barrales. Cvitanich hizo el penal. De yapa, se comió un terrible planchazo del mismo Cvitanich que casi le parte el pecho en mil pedazos.

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