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“Quizá no tuve la categoría para atajar ahí”

“Quizá no tuve la categoría para atajar ahí”

Albano Bizzarri se perfilaba para ser el sucesor de Nacho González y su talento lo llevó a la Selección y al Merengue. ¿Qué pasó con el cordobés que se instaló en Europa y nunca más volvió a la Argentina?

Fue una de las apariciones más interesantes de la década del 90. Aparentaba ser el sucesor de Nacho González en un Racing que luchaba por cortar una sequía de títulos antes de la presentación de la quiebra.

Con 17 años dejó su pueblo y partió rumbo a Avellaneda con un bolso cargado de ilusiones. Atrás quedaban los amigos, la familia, Sportivo Talleres y Etruria. “Un ayudante de campo que tenía Chabay me llevó a Racing porque había sido mi entrenador en mi pueblo. No era como ahora, que si hay un chico bueno lo sabe todo el mundo. En aquella época tenías que tener suerte y necesitabas que alguien te llevara a Buenos Aires. Los clubes no iban al Interior a buscar jugadores, tenías que tener un conocido y mucha suerte para poder tener una prueba”, recuerda en diálogo con Infobae.

Su caso fue llamativo: debutó en Primera antes que en la Reserva. “Fue un accidente”, aclara con humildad. En la fecha 18 del Clausura de 1996, la Academia tuvo que viajar al Bosque para enfrentar al Gimnasia de Timoteo Griguol. Y a los 20 minutos del primer tiempo, Ángel Sánchez expulsó a Cubito Cáseres cuando el Lobo ganaba 1 a 0. Fue en ese instante en el que Albano Bizzarri tuvo que ponerse los guantes y comenzar su carrera con un penal en contra que ejecutó el Pepe Albornoz. Fue el segundo de un histórico 6 a 0 a favor del Tripero.

 

—Y a Maradona no lo pudiste disfrutar mucho.

—Cuando él era técnico de Racing, yo recién llegaba y estaba en la Reserva. Cuando volvió en 1997 a jugar en Boca, tampoco tuve la oportunidad de enfrentarlo. Me saqué las ganas en el Partido por la Paz que organizó el papa Francisco en Roma, y me di cuenta de que es el centro de atención del planeta. Jugamos para el mismo equipo y casi no tuve la posibilidad de cruzar unas palabras, porque siempre tenía gente al lado que quería la foto o el autógrafo. Aguantar todo eso también es un mérito. Yo fui al partido, me saqué la foto, pero no pude hablar casi nada con él.

—¿Fue una cuenta pendiente el regreso a Racing?

—Nunca se dio la oportunidad de volver. Cuando pregunté si tenía alguna posibilidad, en su momento, habían contratado a Campagnuolo. Después llegó Saja, y se quedó un tiempo prolongado. Siempre me quedaron las ganas de volver a jugar en Racing, porque uno se fue de joven y no viví lo que es ese ambiente. Sin embargo, cuando la mayoría de los jugadores regresan, no se encuentran con lo que dejaron. El mensaje que recibía de ello era que siempre era mejor quedarse en Europa, porque el país era un quilombo y la organización de los torneos, un desastre. Es un conflicto interno para los que estuvieron mucho tiempo afuera: hay algunos que quieren volver como sea, y otros que no regresan ni locos. Y si a eso le sumás algún mal partido que puedas tener a la vuelta, te encontrás con que te vienen a apretar y a rayar el auto. Son cosas a las que uno no está acostumbrado. Además, uno vive de otro modo en Europa, sin tanto loquero cotidiano. Son muchas cosas que determinan la decisión de cada uno.

—¿Creés que nos falta crecer como sociedad?

—Ya formé familia en España, y cuando uno ve todo lo que pasa en Argentina, prefiere quedarse en Europa. Uno cuando vuelve lo hace por razones familiares o por los recuerdos nostálgicos que tuvo en el pasado. Cada uno elige su vida, pero yo prefiero quedarme acá porque se vive de otra manera. Eso no quiere decir que sea falta de patriotismo. Tal vez encuentres a algún boludo que te diga que no querés a tu país, pero así como en el pasado los europeos se iban a vivir a la Argentina porque ahí se vivía mejor, hoy todos los argentinos intentan venir a Europa, porque acá hay otras oportunidades. Eso no quiere decir que no ame a mi tierra y no extrañe, pero mi vida ya está acá. Y es muy difícil volver.

—Te retiraste hace poco, con 41 años, ¿cómo es tu nueva vida?

—Hice algún curso de entrenador y debería retomarlo, por si en algún momento surge la posibilidad de dirigir en algún equipo o de tomar el cargo de director deportivo. Pero desde que me retiré me dediqué a mi familia, a viajar un poco y a disfrutar de las cosas que durante 20 años no pude hacer, como compartir un fin de semana con los míos. Todavía no tengo muy en claro si quiero seguir ligado al fútbol, por ahora quiero disfrutar de mi tiempo libre. No soy el típico loco que mira tres partidos por día. Me gusta el deporte y lo aproveché como jugador, pero creo que el trabajo del técnico es otra cosa. Son profesiones muy distintas.

—¿La pandemia apresuró la decisión de dejar el fútbol?

—Tenía un año más de contrato, pero el club se fue a la quiebra y no tuve una oferta que me entusiasmara para seguir jugando a esa edad. Si hubiera sido por mí, hubiera preferido jugar un poco más. Si bien hay cosas que a los 41 años me costaban más, como los viajes o volver de un partido a las 5 de la madrugada en un micro, creo que podría haber jugado un año más, porque físicamente estaba bien.

Albano Bizzarri fue uno de esos casos llamativos que formó una trayectoria de mayor a menor. Tras su aparición en Racing y su partida al Real Madrid, el ex arquero viajó a la Copa América de Paraguay en 1999 y luego pasó por el Valladolid, Gimnástic de Tarragona, Catania, Lazio, Genoa, Chievo Verona, Pescara, Udinese, Foggia y Perugia. Después de tantos años en Europa y de un reciente retiro, lo único que tiene claro el cordobés es que su vida continuará en el viejo continente.

 

Fuente: www.infobae.com

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